sábado, 3 de mayo de 2008

Sobre el 18% de las emisiones de efecto invernadero


Antes de que se pusiera de moda el concepto “cambio climático” o el de “calentamiento global” se hablaba de los gases de efecto invernadero. Ahora se habla de los gases como el CO2 que provocan el cambio climático o el calentamiento global, pero siguen refiriéndose a los gases de efecto invernadero, lo mismo.
Pues parece que cerca del 18% de estos gases son culpa de que nos gusta comer carne, porque la ganadería causa todas esas emisiones. Según la moda actual debería decir que la ganadería causa el 18% del cambio climático.

Pero el 18% es un poco relativo, es una cifra absolutamente imprecisa, porque se supone que de ese 18%, el 60% corresponden a fertilizantes de cultivos y fermentaciones intestinales (las flatulencias de toda la vida, puro metano CH3). A la vez la contribución de los fertilizantes es del 13% del total de gases de efecto invernadero, y eso es más del 60% del 18%.


Bueno, voy a dejar los números, el caso es que la ganadería de forma directa por emisiones de fermentaciones intestinales, y de forma indirecta por los fertilizantes que se utilizan para el cultivo de los alimentos de las bestias y por la deforestación para disponer de cultivos para el ganado, emiten una gran cantdad de gases nocivos.


A mí no me gusta que se planteen problemas para los que no me muestran alternativas para solucionarlos, y este es uno de esos casos. Utilizan falsas comparaciones para decir que comamos más cerdo y menos vaca porque son más eficientes convirtiendo en proteína lo que comen (normal, unos comen proteínas directamente y otras comen hierba). Otro argunmento contra el ganado es que si todos lo que se cultiva fuera para dar de comer al ganado que después nos comemos, sólo alimentas a 2.600 millones de personas, y si nos comemos directamente todo lo que cultivamos tendremos para 6.000 millones de personas. ¿Y las proteínas? Es que hay que comer proteínas y no las podemos sacar todas de la soja y de las algas. Y el pescado está como para explotarlo aún más.


El único argumento razonable para frenar este fenómeno pasa por un cultivo sostenible que además duplicaría la producción.






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